¿Donald Trump, maldición o ganga para México?

photo-marcha-trumpHace poco más de un mes, Donald Trump se convirtió en el nuevo Presidente de EE.UU. Puso en marcha algunas medidas, sobre todo en cuanto a la inmigración hacía los EE.UU, y asistimos alrededor del mundo en general y en América latina y México en particular a protestas de gran amplitud. Trump ha manifestado públicamente y en repetidas ocasiones un gran desdén hacia América central y México, lo que por supuesto es intolerable. Sin embargo, no entendemos porque estos países ven esto como una nueva amenaza, pues desde la administración de Bush Padre se manifestó un menosprecio hacia la región, aunque claro no públicamente sino solamente en los hechos (la idea de la construcción de un muro a la frontera entre México y EE.UU no es nada nueva, pues ya está un muro desde hace más de dos décadas y siempre se han expulsado inmigrantes ilegales a México). Por ello, no entendemos bien porque la gente está tan amarga, pues la única diferencia realmente es que él pone palabras en sus actos y dice lo que piensa. Resulta que ser honesto ahora no es nada bueno, mejor seamos todos hipócritas.

A continuación no queremos seguir la moda y quejarnos del personaje, encontramos muy exagerada la manera de hacer de los periódicos, pues nos cansan a cada rato con artículos poco elaborados sobre lo que dice/hace Trump con el fin de descreditarlo. Tampoco vamos a hablar de su política hacia la región ALC como tal. Lo que sí vamos a debatir es el lado geopolítico desde el punto de vista de México y la oportunidad que constituye la llegada al poder del Sr. Trump para América latina en general y México en particular, pues en nuestra opinión no se trata de una maldición sino de una ganga.

Algo que me llamaba mucho la atención cuando vivía en México era el doble discurso de la gente – tanto los políticos, los economistas como la gente “común y corriente”. Se queja mucho de la proximidad, la colusión y la dependencia de México hacia los EE.UU, pero al mismo tiempo no se propone ninguna solución, como si no existiera ninguna alternativa o como si fuera solamente para quejarse. En México no se marcha por cambiar esta relación de poder a nivel doméstico, pero sí se marcha masivamente en contra de Donald Trump – que es un problema exterior a México.

Nos parece bastante interesante este asunto, pues creemos que en México no se entienden bien los conceptos de amistad y cooperación/relaciones internacionales y efectivamente lo que es importante para que el país pueda avanzar: Trump al poder en EE.UU no es muy relevante para México, o mejor dicho, lo es porque la gente quiere que lo sea y le da una importancia desproporcionada. Me explico: si los mexicanos están conscientes del desequilibrio y de la dependencia hacia los EE.UU, deberían marchar por un cambio en la política exterior de México y no por un cambio en la política exterior de los EE.UU. Lo que se necesita es una toma de consciencia y un cambio de paradigma.

Por su posición geográfica, México constituye un puente entre América latina y los EE.UU. No se trata de negar esto, aunque el país no parece estar consciente/asumir esta responsabilidad puesto que no hace nada para que las relaciones entre los EE.UU y ALC sean mejores. Su política y su economía están completamente dirigidas hacia los EE.UU, aunque no es algo recíproco. Por el otro lado, su cultura y su historia están muy entrelazadas con los países de América latina. En este sentido, se puede decir que su mente está orientada hacia los EE.UU y su corazón hacia América latina, y pues su mente le gana fácilmente a su corazón. Creemos firmemente que ya llegó la hora para que el país se decida por un cambio.

Además, pensamos que esta dependencia no-recíproca hacia los EE.UU es malsana, pues hay que mirar hacia otros horizontes. La cooperación política y económica con el resto de ALC es casi inexistente y los gobiernos sucesivos no parecen a favor de incrementarla: la Alianza del Pacífico es pura teoría, pues no existen iniciativas en su seno y hasta se paga una tasa de reciprocidad entre ciudadanos chilenos y mexicanos al ingresar por vía aérea al otro país. La creación de la Comunidad de Estados latinoamericanos y caribeños (CELAC), por su parte, constituye un gran paso hacia adelante, pero por el momento nada más es un foro de debate del cual tampoco emergen nuevas iniciativas a escala de la región ALC. México, por ser el país más dependiente de EE.UU en la región, debería presionar a los demás países para que se concrete una mayor cooperación y, diríamos nosotros, hasta debería proponer las bases para proceder a cierto nivel de integración a escala latinoamericana y caribeña.

Los EE.UU crearon el TLCAN (el NAFTA por sus siglas en inglés) con México y la OEA con ALC para tener cierto control sobre los asuntos internos de los países latinoamericanos y caribeños. No cabe duda que el TLCAN le haya hecho más daño que favor a México y que la OEA concretamente no haya servido de mucho. La cooperación en materia de lucha contra el crimen organizado y el tráfico de drogas está diseñada para servir los intereses de los EE.UU y no los de México y el balance de comercio está a favor de los EE.UU. Desde un punto de vista ajeno a la región, parece aberrante que México siga así. El futuro está con otros actores que no le van a imponer lo que quieran: en primer lugar están los países de ALC y en segundo lugar, la Unión Europea (UE). Cualquier país necesita un equilibrio, no puede estar dependiente de un solo país/región ya que luego no tiene palanca para cambiar la relación de poder, está sometido a las fuerzas que rigen su único socio y no puede decidir de su destino. Es contrario a la noción de globalización y es exactamente lo que pasa en el caso de México.

En este sentido, vemos dos herramientas en las cuales México debe apoyarse: primero, el Acuerdo Global que rige las relaciones entre México y la UE y que entró en vigor en el año 2000, y segundo la CELAC.

México es uno de los diez socios estratégicos de la UE a nivel mundial. Beneficia en este sentido de una cooperación especial con la UE que no aprovecha a su máximo, pues las relaciones están estancadas desde hace años. El Acuerdo Global entre México y la UE, que abarca muchos temas como la protección de los derechos humanos, la lucha contra la corrupción, la educación superior y la investigación científica, el medio-ambiente, etc., actualmente se encuentra en proceso de modernización para dar un nuevo impulso a esta cooperación. Recordamos que la UE es el mayor contribuidor extranjero a la cooperación al desarrollo de México mediante el financiamiento de programas y proyectos, además de ser el principal inversor extranjero en el país. También se organizan varios tipos de diálogos sectoriales (derechos humanos, etc.) y políticos de alto nivel (Comités Conjuntos, Cumbres, etc.).

Esta cooperación no es perfecta, pero la UE claramente es el socio extranjero de México que más está comprometido con la cooperación al desarrollo del país. La mayoría de esta cooperación es de un sólo sentido, viene del lado de la UE que literalmente proporciona dinero y consejos a México sin que México no tenga nada que hacer. Sin embargo, desde el 2014 la UE gradualmente ha empezado a cansarse de ver que México no está respondiendo bien a esta cooperación, pues parece que solamente quiere tomar el dinero de la UE – o sea de los contribuyentes europeos como yo – y ya. No le da nada en retorno a la UE. No queremos decir que tiene que otorgarle favores a cambio, pero por lo menos podría mostrar cierto grado de agradecimiento, lo que ni siquiera hace, pues toma y no da.

En cambio, ¿qué es lo que hacen los EE.UU para contribuir al desarrollo social, económico y político de México? ¿Otorgan financiamientos para mejorar la situación de los derechos humanos o combatir la corrupción? ¿Invierten millones y millones de dólares en el país? ¿Organizan diálogos sectoriales? ¿Financian proyectos de investigadores mexicanos de I&D? No, nada de eso. Exportan botellas de Coca Cola, papas fritas y Wal Mart ¡y aumenta la obesidad! Éste es el legado de los EE.UU en México. Entonces los EE.UU no contribuyen a nada, pero sí reciben todo el agradecimiento de México. ¿Será que los mexicanos son masoquistas? Además, estamos convencidos de que los lazos históricos, culturales y lingüísticos son mucho mayores con la UE que con los EE.UU. Esto también debe contar a la hora de elegir los socios.

Tienen que despertarse, mexicanos, porque en unos años más será demasiado tarde, la UE no querrá contribuir más al desarrollo de México ni reforzar los lazos porque habrá encontrado otros socios. Nos encontramos en un periodo clave en nuestras relaciones. Por favor, decídanse ahora antes de que sea demasiado tarde.

La cooperación con ALC tampoco se encuentra en una buena etapa, aunque es aún más importante que la con la UE. Los países de la región están frente a los mismos desafíos políticos, económicos y sociales – con ciertas diferencias y grados según los países, pero de manera general sí son similares. Si se considera que el mundo es globalizado y que las relaciones internacionales son inevitables y constituyen una respuesta a la globalización, entonces es sorprendente que la cooperación intrarregional no sea mayor.

Las exportaciones de los países ALC hacia el exterior se contrajeron de un 13% en el 2015 según informa la CEPAL, lo que significa que los socios habituales de la región como la UE pierden interés. Y aún peor, las exportaciones intrarregionales de ALC ¡se cayeron un 21%! Por ello, la integración intrarregional constituye una respuesta efectiva ya que tiene mucho potencial, debe de ser una prioridad para la región. Destaca la CEPAL que “[es necesario] que la región ponga mayor énfasis en el comercio intrarregional, en afianzar la implementación de la facilitación del comercio – para que bajen los costos del intercambio entre los países – y en la coordinación y negociación en bloque frente a los grandes jugadores comerciales internacionales”. Creemos que México, por ser uno de los países más grandes, poblados e importantes de la región, debe mostrar el camino y guiar a los países más pequeños. Eso está en el interés de todos.

No consideramos que la Alianza del Pacífico sea una buena respuesta a este problema, pues abarca solamente a cuatro países. El futuro de ALC no se encuentra en las tentativas de organizaciones subregionales como MERCOSUR, SICA, ALBA o CARICOM tampoco, sino en la CELAC, conformada por los 33 países de ALC. Las demás tentativas sólo pueden constituir pasos hacia la integración regional ya que un bloque de países, al tener una posición común, sí puede llegar a un acuerdo más amplio con otro bloque y hacer de la integración regional un éxito, pero en ningún caso constituyen una solución a largo plazo. Por el momento, confiamos que la CELAC puede convertirse a medio plazo en una alternativa a la OEA sin la tutela de los EE.UU. Hay que avanzar teniendo esta idea en mente. Mientras se concretan las organizaciones de integración subregionales, es lo a que debe apuntar la CELAC.

La UE, en este sentido, lo ha entendido desde la creación de la CELAC en el 2010 y por ello incita la cooperación en su marco al mantener diálogos de alto nivel CELAC-UE, pues es la única manera de negociar de igual a igual y restablecer el desequilibrio estructural de una cooperación/un acuerdo entre un país como México y un bloque como la UE.

Por la dignidad de México, aléjense de los EE.UU e incrementen la cooperación intrarregional con ALC e interregional con la UE. Creen puentes con el mundo y no solamente con su vecino. #RespetoMéxico.

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La importancia del idioma en la “diplomacia para el desarrollo” de la Unión Europea

Hoy decido escribir sobre una opinión personal. Por ello, vamos a partir de un hecho que he podido observar en varios países de América Latina y el Caribe: muchas veces, los Embajadores de la UE y de sus países miembros y los diplomáticos y empleados públicos de las Embajadas correspondientes, no hablan bien el idioma del país en el que están. También vale en el sentido ALC hacia la UE, claro.

 

Hace unos días, una institución de la UE hizo una pregunta en Twitter sobre cómo mejorar lo que desde el mes de junio del 2016 llamará la “diplomacia para el desarrollo de la UE”. Respondí esto de que los funcionarios que manda la UE a la región de ALC deberían saber el idioma del país en donde están, por lo menos los idiomas de los Socios Estratégicos de la UE (en ALC son Brasil y México, o sea portugués y español) y de los países que hablan un idioma que existe en la UE (o sea todos los idiomas hablados en la región de ALC salvo el criollo). Así de simple. La respuesta fue algo inesperada y bastante inquietante: me dijeron que soy idealista, que en el mundo real sería casi imposible y me preguntaron (retóricamente, claro) si conocía algún país, cuyos diplomáticos sistemáticamente conocen el idioma del país de ALC en donde estén. Eso me llamó mucho la atención: ¿Es mucho pedir que los diplomáticos hablen el idioma principal de los países donde estén siempre y cuando se trata de países que tienen lenguas que también se hablan en la UE? ¿Es mucho pedir que nuestros diplomáticos Europeos hablen español si quieren trabajar en América Latina? Casi todo el continente habla español, no se trata de un solo país. Eso no me parece idealista, me parece bastante relevante, importante y alcanzable. En fin, me parece realista. La UE preconiza que los ciudadanos Europeos hablemos por lo menos tres idiomas Europeos, pero al mismo tiempo preconiza que los diplomáticos hablen su lengua materna y probablemente el inglés, o sea uno a dos idiomas. Estoy confundido: ¿Los diplomáticos se merecen este tipo de privilegios por el simple hecho de ser diplomáticos? Si no hablan el idioma del país, yo opino que no deberían trabajar en este país. La pregunta entonces es más profunda y va más allá de la lengua, pues el idioma va de par con el conocimiento y el interés por una realidad y una cultura diferentes de la suya, en nuestro caso hacia la región ALC. Entonces, ¿Por qué se improvisan expertos de una región y trabajan en el ámbito de la cooperación internacional con estos países si no conocen nada de ellos? En lo personal trabajo durante el día, tomo un curso de portugués tres noches por semana, escribo estos artículos los fines de semana – sean buenos o malos, pero como sea toman tiempo – y hablo con fluidez francés, inglés, español, alemán, y casi portugués. ¿Por qué ellos no pueden hacer lo mismo y demostrar que sí tienen ganas de hacer un buen trabajo, que aparte para mí significa respectar a sus socios? A mí nunca se me ha ocurrido postular a un trabajo de cooperación gubernamental en Surinam, pues no hablo neerlandés y si lo hubiese hecho, hubiera aprendido el idioma primero. Ellos también pueden aprender el idioma antes de ir para tener un nivel suficiente para sostener reuniones y/o pronunciar un discurso. Eso les daría más credibilidad y sería una prueba de que sí se esfuerzan, lo que se reflejaría claramente y positivamente en la imagen y el aura de la UE en la región.

 

Además, me pregunto lo siguiente: ¿Cuáles son las competencias que pide la UE como requisitos a sus diplomáticos para darles un puesto con tanta responsabilidad, tanto dinero y tantos privilegios? Si hablar la lengua del país no constituye una competencia, ¿Qué es una competencia? ¿Hablar un idioma extranjero otro que el inglés será algo tan marginal y poco importante que ni siquiera constituye una competencia? Un Embajador, por ejemplo, solo pronuncia discursos y sostiene reuniones (por decir así, pues tiene un rol de representación, es la cara de un país/de la UE), entonces realmente la única competencia que necesita es el idioma del país (además de diplomacia, claro). Yo veo el nivel de idioma como algo muy importante en el extranjero, lo veo hasta como un requisito, lo veo como algo tan necesario que nunca había pensado que una organización tan importante como la UE (que reconoce 24 idiomas oficiales en su seno, entre ellos reitero que se encuentran todos los que se hablan en ALC salvo el criollo) pudiera llegar a decir que ni siquiera era una competencia necesaria. Quizá realmente esté idealista, pero yo me harté de ver diplomáticos arrogantes, que a menudo no se esfuerzan y hacen un trabajo pesadísimo, pero que ganan mucha plata y que tienen privilegios de por vida porque tienen contactos. ¿Realmente a ellos los consideramos como la elite, y ellos mismos se consideran la elite? ¿Qué pasa con nuestra sociedad actualmente?

¿Cuántas veces tuve que sostener reuniones en América latina en inglés con socios extranjeros porque no podían hablar español? ¿Cuántas veces he escuchado discursos de Embajadores que nadie entendía porque no podían decir las palabras correctamente? ¿Cuántas veces tuve que escribir notas “muy simples” por falta de conocimiento del idioma por parte de mis socios? Me parece inquietante si realmente estamos públicamente orgullosos de haber llegado hasta este punto.

 

Más allá del hecho de que me parece rudo no hablar el idioma del país y hacer trabajar a sus socios latino-americanos y caribeños en un idioma que nos conviene más a nosotros los extranjeros que a ellos/Ustedes en su propio territorio, tampoco es relevante preguntarme si conozco algún país, cuyos diplomáticos siempre manejan el idioma del país en donde están: Francia tiene por ejemplo 66 millones de habitantes (el segundo más poblado de la UE), mientras la UE tiene 509 millones – equivalente a 18 millones por país miembro en promedio – o sea una diferencia de 491 millones… Ni siquiera se puede comparar, la escala es diferente: ¡Hablamos de un continente vs. un país! Y ni hablo de Luxemburgo, de Malta o de Chipre (los tres menos poblados de la UE). Si de los 509 millones de habitantes que hay en la UE, no hay un número suficiente de ellos con competencias en un área específica que además puedan hablar español, portugués, inglés, neerlandés o francés según el país de ALC, ¡Claro que opino que la UE se está volviendo loca! Estoy a favor de que cada uno deba quedarse en su lugar: si hablas solo inglés, no te mereces un puesto diplomático en Argentina, punto. Son privilegios de por vida que se le otorgan a esta “elite” sin que ella no tenga nada que hacer. Quería decirles a los de esta institución Europea que no podían comparar un continente con un país, además preguntarles si para ellos ser idealista significaba pensar que hablar un idioma extranjero fuera una competencia normal para trabajar en un país extranjero, pero me detuve porque realicé algo: cuando una institución tan importante responde agresivamente a un comentario en Twitter, significa que el comentario la molesta y que no quieren que un debate se instalé; entonces para cortar la discusión, cambian la relación de poder hacia algo “relacionado pero diferente”.

 

También quiero subrayar que hablamos aquí de cooperación al desarrollo, lo que implica que la UE literalmente da dinero a los países en desarrollo receptivos – aunque desde el 2014 en mucha menor cantidad que antes. Claro, pasa lo mismo con la cooperación en todos los ámbitos (universitaria, científica, cultural, etc.), pero la verdad es que la UE nunca otorga financiamientos genuinamente: para los países receptivos de estos financiamientos hay fuertes contrapartidas ya que esta cooperación, en apariencia generosa, esconde privilegios económicos y comerciales para que la UE obtenga facilidades de acceso a los mercados (=intereses estratégicos), convirtiendo así la cooperación al desarrollo en un negocio. Esto también es triste y además sintomático de lo en que la UE se ha convertido a lo largo de los años: antes, los diplomáticos encargados de la cooperación al desarrollo eran profesionales que estudiaban esta temática en la universidad para luego dedicarse a ella por pasión y por el simple hecho de aportar su granito de arena. Hoy en día, los empleados públicos que han “heredado” de estos puestos casi sistemáticamente estudiaron en escuelas de negocios o en institutos de estudios políticos y llegan a los puestos más altos sin conocer nada del tema o de la realidad de los países destinatarios, imponiendo reglas completamente ridículas y usando términos sumamente inadaptados. Conformidad y money making es lo que se espera de uno y los apasionados que tienen ideales, valores e ideas, pues desgraciadamente pocos de ellos acceden a cargos profesionales muy altos.

Por eso la UE habla ahora de “diplomacia para el desarrollo” y no más de “cooperación al desarrollo”: la palabra “cooperación” estaba fuertemente vinculada con los negocios. Aún antes de “cooperación” se usaba el término “ayuda al desarrollo”, induciendo así que los receptores no eran capaces de hacerse cargo de su propio desarrollo, por lo que necesitaban ayuda exterior. Ahora, ¿Qué significa “diplomacia para el desarrollo” concretamente? Acaso, ¿No son un poco antagonistas las palabras “diplomacia” y “desarrollo” aquí? “Diplomacia” implica necesariamente un actor externo (la UE) en el debate interno de un país, implica que dé una opinión (=subjetividad), implica negociaciones, implica discutir y así intentar cambiar la posición del país para luego obtener beneficios propios (económicos, políticos, geoestratégicos, etc.). En la diplomacia, el más fuerte siempre gana y como la UE tiene el dinero, pues siempre será más fuerte: el dinero es poder en la diplomacia y la UE lo sabe. El “desarrollo”, por el contrario, implica que los donantes se conformen con los problemas identificados por el receptor, no induce a los actores exteriores como tal ya que el desarrollo de un país solo puede venir del país mismo. Si la UE no está de acuerdo con los ejes, objetivos o herramientas de desarrollo planteados por un país y su gobierno legítimo, pues que no lo apoye, pero que no decida por él lo que debería hacer y que no exija ventajas o favores en retorno. Por ello, rechazo firmemente la vinculación del concepto de “diplomacia” con la lógica de “desarrollo”. Además de ser ilógica, me parece contraproducente, pues es como una forma moderna de colonización y de sumisión ya que implica una negociación externa para que los ciudadanos tengan un derecho interno. En este sentido, “ayuda”, “cooperación” o “diplomacia” son iguales e implican una lucha de fuerza que la UE siempre va a ganar. No creo que la región de ALC necesite lecciones provenientes de la UE.

 

Para terminar, quiero añadir que en el principio solamente estaba lanzando una idea a una pregunta que una institución de la UE hizo y que por dar una mera idea me llamaron idealista. Acaso, ¿Piensan que la palabra “idealista” viene de “idea”? Puede ser que por lo general sea muy crítico – incluso a veces exagerado – y que eso del idioma sea algo pequeño, pero es un símbolo y pasa igual con muchas cosas. Realmente estoy convencido de que solo así podremos avanzar como sociedad. El movimiento “Nuit debout” (= “Noche de pie”) al que asistimos ahora en Francia me parece una idea excelente en la base que habría que repetir en todos los países de la UE para subrayar que las cosas realmente andan mal.

Antes de arreglar un problema, hay que identificarlo. Si la UE está consciente (por lo menos en su discurso) de que hay problemas, pero que no los identifica, significa que toma todo al revés, y que nunca los va a solver. Si para la UE conformarse con todo, no tener capacidades críticas, tener habilidades irrelevantes y no tener competencias útiles constituyen cualidades hoy en día y consecutivamente si a eso no lo ve el problema, pues prefiero ser un “idealista” – una palabra que antes significaba tener un ideal, querer que las cosas estén mejor, pues tenía una connotación bastante positiva; al parecer ya se usa para decir que los problemas no se pueden arreglar y es algo negativo. ¿Será entonces que emitir ideas haya adquirido un sentido negativo? Pues adivinen: ¡Los problemas no se arreglan sólos! Como lo expliqué en mi artículo del 9 de mayo titulado “Citoyens Européens, réveillez-vous !”, nuestro problema no es la UE como tal ya que la UE solo puede ser el reflejo de lo que ocurre en sus países miembros. No, el problema somos nosotros los ciudadanos, que dejamos pasar y empeorar esta situación. Hay que despertarnos y levantarnos para cambiar la situación en nuestros países respectivos, lo que en torno cambiará la Unión Europea. Jean Monnet, Robert Schuman y los demás padres fundadores de la UE se retorcerían en sus tumbas al ver lo que pasa actualmente con la UE – y eso lo dice un Europeísta convencido.