El Poder Blando y el Patrimonio Arquitectónico

Casino españolPaseando por la Ciudad de México, pudimos notar algunos objetivos, de los miles que puede tener la arquitectura: la arquitectura nos puede invitar a reflexionar, nos puede invitar a tener paz o violencia, volver a ser una sociedad en retrograda o invitar a las personas para que trabajen de forma colaborativa. Es el espacio que no sólo termina en un lugar dado, sino que también lo material se vuelve inmaterial.

Continuemos con una imagen: la antigua arquitectura religiosa te invitaba a la oración, reflexión, análisis. Algunos estilos pueden invitarte a esta acción más que otros, por ejemplo el barroco, el neoclásico, el gótico; a diferencia de lo que se puede llamar “moderno”, por ejemplo la basílica de Guadalupe que, sin tomar en cuenta la gran importancia que tiene en el ámbito de los espacios monumentales, el lugar mismo no te invita a una reflexión, a un análisis, a una discusión interna. Además, el icono principal se ahoga por la magnitud de la estructura y la eficiencia de recibir más visitantes.

El poder blando en términos generales es la persuasión sin uso de métodos coercitivos, como la amenaza o la violencia, para obtener lo que uno quiere. El tema ya ha sido abordado y tratado desde hace bastante tiempo por diversos teóricos, políticos y académicos a través de la historia. No es algo nuevo o novedoso, podría ser que su reinvención radica en el contexto en el que se aplica, y como se desenvuelve en la vida cotidiana, apoyándose del desarrollo de la tecnología.

Es evidente que la arquitectura alimenta el turismo, la industria, que deja una derrama económica de forma directa e indirecta, incentiva la inversión nacional o extranjera, no necesariamente estableciendo una gran fábrica: pueden ser hoteles, restaurantes, transporte, publicaciones, universidades, centros de investigación. El rescate y protección de las construcciones con valor intelectual motivan el crecimiento económico de la región.

Así como se ha expuesto anteriormente, el conjunto arquitectónico puede motivar el pensamiento, el análisis y el diálogo entre individuos en lugares públicos, aportando confianza, seguridad y esperanza entre los sujetos. Además, puede afrontar la amenaza de la violencia, la confrontación, la incertidumbre y la desesperanza que carcomen a las sociedades poco a poco.

El neoliberalismo pone énfasis en los beneficios económicos[1]; por lo tanto, si queremos avanzar en el marco que se nos impone, tendríamos que establecer argumentos que integren ganancias económicas, así que instituciones[2] que protejan el patrimonio, delimiten y desarrollen los argumentos necesarios para la defensa de la arquitectura de una región frente a las diversas amenazas híbridas que pueda sufrir, aumentando su resiliencia.

La arquitectura también representa la materialización de la cosmovisión en boga. Su destrucción es querer borrar un diálogo de opiniones o conceptos eternos. La idea de que el pasado no cuenta y que el presente siempre es un nuevo punto de partida representa un enorme desgaste de energía y recursos para la sociedad. Lo anterior no quiere dejar de manifiesto que el pasado siempre haya sido el paraíso, pero podemos avanzar haciendo un análisis objetivo-subjetivo para no caer en la oscuridad del rencor.

Los bienes inmuebles, gracias a los nuevos medios de comunicación, se vuelven también “movibles” en parte, pero también son más difíciles de sacar de su contexto, a diferencia de lo que sucede con otros tipos de manifestaciones artísticas como son las exposiciones, la pintura o la escultura que, dependiendo de los curadores, pueden tener objetivos políticos, que sacan del argumento original al objeto.

La arquitectura también se mueve por internet y se vuelve una prueba palpable de la unión entre dos regiones, en uestro caso Europa y América. En América, el arte europeo se vuelve y se transforma en un complemento a las ideas ya existentes. América no se puede entender sin el factor europeo.

La arquitectura es parte de una herramienta de seguridad nación-región, es como una estrategia de poder blando para evitar la violencia, desestabilización, fragmentación y confrontación entre los diversos actores de la región latinoamericana y caribeña. Además, aumenta de manera exponencial el entendimiento con Europa. Por lo tanto, debe ser restaurada y protegida para no derribarla o modificarla en su totalidad en beneficio de modas ideológicas. Estos bienes forman parte del interior de cada uno de los ciudadanos que une a sus habitantes, estableciendo un dialogo permanente entre lo material y lo inmaterial.

[1] La economía siempre va sobre la política, la sociedad, la educación, etcétera.

[2] La democracia liberal pone énfasis en las instituciones, mismas que deben ser flexibles y ambiguas. Los individuos trabajan por y para ellas.

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